viernes, 13 de mayo de 2016

Una Imagen y Mil Palabras para la Reflexión



Hace poco que estoy dentro del mundo de la educación. A mis veinticuatro años he dado clases particulares de inglés durante unos cinco años, pero no ha sido hasta hace unos meses que he empezado a impartir clases en aulas con más alumnos. Aun así, hay muchas cosas que he aprendido durante estos meses y espero que me puedan ayudar en mi futuro laboral. La imagen que he escogido para la entrada de este blog representa algunas características sobre la visión que tengo de la enseñanza de una segunda lengua.

Para mí, esta imagen representa como debería ser una clase de enseñanza de una segunda lengua. Al aparecer niños en la fotografía, esta refuerza la idea de que aprender idiomas desde pequeños es muy importante, ya que ayuda al desarrollo cognitivo de los niños. Es indudable que los niños tienen una habilidad especial para aprender lenguas y conceptos cuando son pequeños y creo que es muy importante aprovechar esta ventaja para aprender una nueva lengua. Nunca es tarde para aprender un nuevo idioma, pero es mejor aprender al menos una segunda lengua a edad temprana.

Uno de los aspectos que más capta la atención a primera vista sobre esta imagen es la cantidad de alumnos que hay en aula.. Como bien se puede observar, la clase está compuesta solo por seis alumnos, lo cual facilita su participación en el aula. Hoy en día es muy común encontrar aulas superpobladas en las cuales es muy difícil llevar a cabo  un seguimiento personal de todos los alumnos. Creo que dentro de una clase de lengua extranjera debe haber  pocos alumnos (como máximo quince), ya que así se consigue que todos los alumnos tengan la oportunidad de poner en práctica los nuevos conocimientos adquiridos y que las clases sean más amenas para ellos.

 La distribución del aula es otro de los factores que también llaman la atención sobre la imagen. En esta se puede observar como los niños no están sentados individualmente en mesas, sino que están todos juntos sentados en el suelo. De esta manera se forma una dinámica de grupo mucho más fuerte y les brinda la posibilidad de ayudarse mutuamente si les cuesta decir alguna palabra o no han entendido algo que la profesora ha explicado, ayudando a crear un buen ambiente educativo. Otro aspecto que también llama la atención sobre la distribución del aula es el hecho de que tanto los alumnos como la profesora estén sentados al mismo nivel. Normalmente el rol  del educador queda marcado por la posición que este toma frente a sus alumnos en las aulas. El profesor suele estar de pie o en una mesa un tanto más elevada que la de sus alumnos, marcando una distancia significativa entre el alumnado y este. En cambio, en esta imagen se observa como la profesora está al lado de sus alumnos en todo momento y comparte con ellos todas las actividades que hacen. En mi opinión, es muy importante que los alumnos se sientan cómodos en la clase, tanto con el profesor como con sus compañeros, en orden de que puedan aprender en un ambiente en el que ellos se sientan a gusto. Aunque esto es algo primordial en todas las asignaturas, creo que todavía lo es más en una clase de enseñanza de una segunda lengua. Para mi es fundamental que los alumnos hablen en la lengua que se está enseñando durante la clase, ya que es uno de los pocos sitios en los que podrá practicarla y tener un crítica constructiva sobre sus progresos. No obstante, si ellos no se sienten cómodos en la clase, no se atreverán a hablar y esto ralentizará su aprendizaje, llegándolo a detener en muchos aspectos como por ejemplo la fluidez.
 
Por otra parte, en esta imagen se puede observar que los niños están aprendiendo vocabulario. Hay muchos factores a tener en cuenta a la hora de enseñar una segunda lengua. La edad de tus alumnos es uno de ellos y probablemente uno de los más importantes a la hora de organizar la clase y el temario. Esto se debe a que los temas que les interesan a los niños pequeños no son los mismos que les pueden interesar a los adolescentes y mucho menos a los adultos. Por lo tanto es fundamental centrar las clases en temas que les puedan resultar de interés o que les puedan ser útiles a los alumnos. A los niños, en este caso, lo que más ilusión les hace es aprender vocabulario. A ellos les cuesta un poco más entender reglas gramaticales y a veces se pueden convertir en un caos para ellos, además de no ser interesantes para ellos. Cada vez hay más colegios que promueven la inmersión lingüística en las clases de lengua, ayudando a que los niños pueden aprender de manera pasiva la gramática mientras que utilizan las nuevas habilidades (como es el vocabulario) que han adquirido en ese idioma. Enseñando objetivos alcanzables según la edad de los alumnos se consigue que ellos desarrollen su confianza y que se sientan cómodos hablando una nueva lengua.

 Por último, me gustaría destacar de la imagen que los niños están participando de manera activa en el desarrollo de la clase. Como ya he apuntado en el parágrafo anterior, en una clase de lengua extranjera es muy importante que los alumnos hablen con la profesora y entre ellos en el idioma que están aprendiendo. Haciendo que los niños participen continuamente en las actividades que el profesor ha programado, se consigue que ellos practiquen tanto el vocabulario como la gramática, y que poco a poco se sientan seguros de ellos mismos hablando un nuevo idioma.

Estas son algunas de las características que muestran la visión que tengo sobre cómo debe ser la educación de una segunda lengua que coinciden con la imagen que he escogido. Soy consciente de que hay muchos más factores que se deben tener en cuenta a la hora de enseñar una lengua, pero creo que esta imagen y la explicación que he dado de ella, dan  un pequeño vislumbre de lo que significa para mí.

Punto de partida

Lo mejor será que comience por el principio. Podría decir que todo comenzó hace unos meses, cuando decidí empezar un máster en enseñanza del español para extranjeros. Pero esto no sería del todo cierto ya que el camino que me llevó a la enseñanza empieza  mucho antes. Este es mi comienzo:
            
Hace ya algún tiempo, en un pueblecito cerca de Barcelona, había una niña pequeña a la que no le gustaba leer. Sus profesores insistían en que tenía que mejorar su capacidad lectora y continuamente le mandaban lecturas recomendadas para su edad para leer en casa, pero a ella no le interesaban esos libros. Empezaba a leerlos o los ojeaba, pero no les encontraba ningún atractivo. Eran aburridos, infantiloides y tenían mensajes simplones o anodinos. Todo esto la agobiaba mucho, ¿por qué tenía que perder el tiempo leyendo algo que no le gustaba?
            
Un día, su madre le regaló un libro sobre un chico llamado Harry Potter y su mundo cambió por completo. La niña adoraba el libro y podía releerlo una y otra vez sin cansarse de él. El libro le resultaba increíble, su mundo la fascinaba y la atrapaba durante horas y nunca tenía bastante. Poco a poco empezó a leer otros libros, al principio eran de fantasía, como el de Harry Potter, pero poco a poco empezó a abrir sus horizontes y comenzó a leer otro tipo de libros. El siguiente libro que la enamoró fue Orgullo y Prejuicio. ¿Era así la sociedad inglesa del siglo XIX? Ese libro despertó en ella una curiosidad que nunca antes había tenido. Quería saber más sobre Inglaterra, sobre su lengua y su cultura y, con cada nuevo libro que leía, tenía más ganas de aprenderlo todo sobre ese mundo. Y así fue como esta niña que odiaba leer se enamoró de la literatura y de la lengua inglesa.
             
Años más tarde, cuando la niña se hizo mayor y tuvo que elegir una carrera, decidió escoger lo que a ella más le gustaba y le hacía feliz, así que cursó un grado en Estudios Ingleses por la Universidad de Sevilla. Al finalizar sus estudios, decidió cursar el máster de Construcción y Representación de Identidades Culturales por la Universidad de Barcelona, con el que se especializó en crítica literaria dirigida a los estudios de género. Todo este proceso y desarrollo de sus habilidades le habían resultado muy enriquecedores pero la llevó a plantearse cuál era el siguiente paso a tomar y qué era lo que deseaba hacer durante el resto de su vida.
            
Yo, como muchos otros niños de mi generación, me enamoré de la lectura gracias a J.K Rowling y esto me llevó a continuar leyendo y ampliando mis horizontes. Pero no todo se lo debo a los libros de esta autora ya que otras grandes escritoras inglesas, como Jane Austen o Emily Brontë, también me influenciaron. Es el amor que ellas me inspiraron hacia la lectura y lengua inglesa lo que me ha llevado a ser lo que soy. Tras acabar el grado en Estudios Ingleses y el máster de Construcción y Representación de Identidades Culturales, me planteé qué quería hacer con los conocimientos y las experiencias que había obtenido a lo largo de mi vida. Durante unas semanas recapacité sobre a donde me habían llevado, hacia donde me podían llevar y sobre todo, cómo podía ser feliz gracias a ellas. La respuesta me apareció de manera bastante clara. Quería dedicarme a la enseñanza. 
            
Mi siguiente paso fue decidir hacer un máster en Profesor de Español como Lengua Extranjera. ¿Por qué un máster de profesor de español en vez de seguir con mi especialización en inglés? Bueno, la respuesta es sencilla. Después de haber dedicado horas de estudio, de lecturas y de haber tenido miles de buenos momentos hablando en inglés, me di cuenta de que amaba esta lengua como si fuera una segunda lengua materna para mí. Fue entonces cuando vi claro que quería ayudar a otras personas a amar mi lengua materna como si fuera la suya propia. Quiero poder enseñar a mis alumnos a apreciar el castellano como lengua, a que vean la riqueza y diversidad cultural que hay en los distintos países de habla hispana, que se enamoren, como yo una vez hice, de una literatura que muestra una realidad y unas épocas diferentes a la que ellos conocen. Me gustaría llegar a ser capaz de contagiar con mi entusiasmo a mis alumnos y poder transmitirles mi pasión por la lengua y la literatura.

Mi experiencia como docente en las aulas no es muy amplia, pero aún así hay ciertos temas que considero relevantes en la enseñanza de una lengua y que gracias a las  diversas situaciones que he vivido como profesora se han ido reforzando. Durante estos últimos meses he tenido la oportunidad de enseñar inglés en una academia de la cadena Helen Doron en la provincia de Barcelona y esta experiencia está siendo muy enriquecedora. La estancia como profesora en Helen Doron me está ayudando mucho a entender la educación de una lengua de una forma diferente y me está abriendo nuevos horizontes que desconocía. En ella he aprendido a apreciar cosas que antes no acababa de valorar del todo, como es la importancia de inmersión lingüística total en el aula o la necesidad de hacer ameno el aprendizaje a los niños a través de diversos juegos. Tras haber dado clases particulares de inglés durante casi cinco años, creo que la experiencia de trabajar con grupos de estudiantes más grandes ha sido muy grata, ya que me ha ayudado a aprender a adaptar el ritmo de la clase a los distintos niveles que tienen los alumnos. Otros conceptos que considero importantes sobre la educación de una lengua extranjera los comento en el post Una Imagen y Mil Palabras para la Reflexión de este blog, por si estáis interesados en leerlos.

Uno de los aspectos más relevantes que he aprendido de mi experiencia como docente es que un profesor no es un ningún “ser superior”, si no que más bien es un guía en el aprendizaje personal de cada individuo. Partiendo de que cada persona es única y tiene un ritmo de aprendizaje diferente al resto de sus compañeros, considero que es muy importante que un profesor sea capaz de tener los recursos necesarios para ayudar a sus alumnos. A mi parecer, el hecho de que un profesor sea capaz de crear material didáctico y de saber organizar unos objetivos en concreto para curso académico es fundamental para su profesión. Esto se debe a que el éxito de sus clases y de que sus alumnos aprendan y se interesen por la asignatura depende de su destreza para crear un material que les resulte interesante y entretenido. A pesar de tener muy presente la importancia de la creación de material, este es uno de los aspectos que nunca he estudiado durante la carrera y espero poder adquirir gracias al máster de ELE que estoy cursando.

Aunque he ejercido como docente durante algunos años, todavía siento que tengo algunas carencias pedagógicas que tengo que resolver antes de convertirme en una gran profesora. A parte de aprender a crear material didáctico, también soy consciente de que he adquirir las herramientas necesarias para poder desarrollar estrategias con las que poder enseñar temas tan complejos como la conjugación de los verbos en castellano. Quiero aprender el tipo de vocabulario y de nivel gramatical que se les tiene que enseñar a los alumnos según su edad. Asimismo, me gustaría descubrir cuál es la justa medida de literatura y cultura hispana que se debe dar en clase para llamar la atención del alumnado. Ser hispanohablante no te convierte en un buen profesor de castellano, hay muchas cuestiones que tenemos tan integradas en nuestro lenguaje que ni siquiera nos planteamos por qué las utilizamos de cierta manera, simplemente sabemos que son correctas. Aún recuerdo el día en que mi compañera de piso Erasmus me preguntó cuándo se tenía que utilizar el pretérito perfecto del subjuntivo. No tenía ni idea. Me quedé completamente en blanco. Por supuesto que sabía qué conjugación era, pero fui incapaz de explicarle cuándo se tenía que utilizar. Creo que parte de este aprendizaje puedo hacerlo por mí misma, pero que para la otra parte necesito un guía que me ayude a escoger el camino adecuado. Por otro lado, considero que hay algunos rasgos de mi estilo educativo que solo tienen que ser pulidos. Si pienso en mi labor docente, creo que una de características que mis alumnos más valoran es el hecho de que tengo un buen trato personal con ellos. Mi interés y preocupación por el progreso de mis alumnos es genuino y no me importa pararme a repasar un mismo concepto tantas veces cómo haga falta para que lo entiendan. Pero claro, mis clases suelen ser muy pequeñas y como mucho he tenido a diez alumnos a la vez Por lo tanto, considero que una de las cuestiones que tengo que pulir a base de práctica es el poder seguir teniendo este trato con mis alumnos en aulas más pobladas. Y esto es exactamente lo que pretendo conseguir con el máster: reforzar los aspectos positivos de mi docencia y cubrir aquellas carencias que pueda tener.

Tengo muy claro hacia donde me dirijo: quiero ser una buena profesora de español en el extranjero, pero aun me queda un largo camino por delante. En España existe un dicho que dice “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”. Soy consciente de que todavía tengo algunas carencias a la hora de enseñar y no quiero auto-engañarme pensando que todo lo que hago está bien, es por eso que estoy cursando el máster de Profesor de Español para Extranjeros. Este es un nuevo paso en mi formación como profesora y espero que no sea el último ya que siempre hay algo nuevo que aprender o algo que mejorar. No seamos ciegos, aprendamos a ver.