lunes, 30 de enero de 2017

Diseño de ejercicios de evaluación objetiva


Dentro de los exámenes, los ejercicios de evaluación objetiva siempre parecen ser los más fáciles de diseñar. La respuesta que los alumnos den es objetivamente correcta o incorrecta, por lo que no parece ser demasiado difícil diseñar una actividad de este tipo. O esto es lo que yo siempre he creído hasta hace poco. Hace ya unos meses cursé la asignatura Evaluación para el Aprendizaje cuyo propósito era el de instruirnos sobre los diferentes tipos de evaluación que existen y en cómo utilizarlos en el aula. En ella aprendimos a corregir tareas subjetivas, como son las actividades de producción escrita o producción oral, a desarrollar tareas objetivas, como las de comprensión lectora y la importancia que el alumnado hiciera una autoevaluación de sus conocimientos. De entre estos tipos de evaluación el que más me he llamado la atención por el todo el trabajo que implica el desarrollo de sus actividades es la evaluación de tareas objetivas.

La evaluación en sí de las tareas objetivas suele ser fácil y no tiene demasiada complicación. Por ejemplo, en los ejercicios tipo test de la comprensión lectora de un texto la opción correcta es la que es real y todas las demás son incorrectas. Este tipo de corrección no tiene más misterio. En cambio, el desarrollo de las preguntas de evaluación objetiva es mucho más complejo de lo que parece. Como parte de una de las actividades de la asignatura tuvimos que crear una batería de preguntas tipo test leer sobre una noticia. Esta actividad la realizamos siguiendo las recomendaciones de Steven Downing y Thomas Haladyna  en su artículo A Taxonomy of Multiple-choice ítem-writing rules (1989) sobre cómo redactar las preguntas de opción múltiple. Algunas de estas recomendaciones son muy lógicas como, por ejemplo, Use vertical order, Do not use humor o Avoid opinions (1989, p.44), pero otras resultaban más difíciles de seguir a la hora de redactar como Keep options homogeneous o Use only correct options (1989, p.44). Aunque la redacción de la batería de preguntas era un ejercicio individual, en grupos pequeños teníamos que comentar las preguntas de otros compañeros y apuntar qué era lo que fallaba en su redacción y porqué. Esto nos ayudó mucho a darnos cuenta de cuáles eran los puntos débiles de nuestras preguntas y a recapacitar sobre su correcta redacción. Esto nos llevó días ya que la reescritura de las preguntas podía resultar de lo más complicada. Algunas veces el fallo era muy sencillo como que la longitud de las respuestas era desigual, por lo que se tenían que reformular todas las opciones o que una de las opciones no era real y por lo tanto no se podía utilizar.

Otro paso fundamental para comprobar si la redacción de la batería de preguntas es correcta y la evaluación de esta es significativa, es la realización de una prueba piloto con estas preguntas. Al no haber tiempo suficiente para realizar esta prueba piloto con alumnos, evaluamos los resultados de una prueba piloto ya realizada a un grupo alumnos y, a partir de los datos de esta, calculamos el índice de dificultad y el de discriminación de las respuestas. El cálculo de los datos es relativamente fácil, no se necesita un nivel alto de estadística ni de matemáticas para hacerlo, pero la revisión escrupulosa del resultado es fundamental. A través de estos resultados se verá si hay preguntas que resultan demasiado fáciles o demasiado difíciles para los alumnos, con lo que se tendrían que modificar o eliminar de la batería de preguntas. Todo este procedimiento es complejo y normalmente no se utiliza en las evaluaciones de centros de enseñanza privados, pero calcular a través de una prueba el índice de dificultad y el de discriminación es fundamental para aquellos exámenes a nivel nacional como lo son las Pruebas de Acceso a la Universidad o el DELE.

A través de este ejercicio he podido ver la complejidad y el trabajo que esconde las preguntas de opciones múltiples y cómo redactarlas correctamente para que la evaluación de los conocimientos de los alumnos sea representativa. Gracias a ella ahora me veo mucho más capacitada para poder crear actividades de evaluación para aquellos textos que yo quiera trabajar en clase sin tener que recurrir a ejercicios diseñados por otros compañeros y/o editoriales que no me resulten tan útiles para los objetivos que haya marcado en mis clases. Posiblemente no vuelva a realizar una prueba de pilotaje sobre un tipo test, pero considero que es una información y un procedimiento fundamental a la hora de comprobar la validez de una prueba.


Bibliografía

                - Haladyna, T. y Downing, S. (1989) A Taxonomy of Multiple-Choice Item-Writing Rules. Applied Measurments in Education (2), 37-50.  

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